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Resumen

El Grupo 1 de la 7ª Conferencia de Consenso del ITI se encargó de elaborar un informe de consenso y unas declaraciones que incluían recomendaciones clínicas, recomendaciones para futuras investigaciones y reflexiones sobre las perspectivas de los pacientes en relación con dos temas: el efecto del grosor de la pared vestibular (BBT) en la pérdida ósea vertical y la estabilidad de los tejidos duros y blandos periimplantarios tras la colocación de implantes en crestas cicatrizadas, y los resultados del aumento del tejido blando (STA) alrededor de los lechos de implante.


Se recomienda precaución al interpretar los resultados de las revisiones sistemáticas debido a la heterogeneidad de los informes; sin embargo, las pruebas disponibles y la opinión de los expertos identificaron que pueden producirse efectos adversos si el BBT es inferior a 1,5 mm tras la colocación del implante y que el aumento óseo puede conferir efectos protectores. El STA puede mejorar la estabilidad del margen de tejido blando a lo largo del tiempo y también puede aportar otros beneficios estéticos. Los injertos de tejido conectivo autógeno cuentan con pruebas más sólidas que respaldan su uso frente a los sustitutos de tejido blando, pero en la actualidad no existen pruebas suficientes que comparen técnicas y materiales para extraer conclusiones sólidas. El STA también puede mejorar los resultados comunicados por los pacientes en relación con la comodidad a la hora de llevar a cabo medidas de higiene oral.

Introducción

Los implantes dentales se prescriben habitualmente como modalidad de tratamiento para la reposición de dientes ausentes, reconocidos por sus elevadas tasas de supervivencia y su satisfactorio rendimiento clínico. Sin embargo, pueden surgir complicaciones. Las expectativas de los pacientes también pueden haber aumentado, lo que se suma al reto de alcanzar los resultados previstos. Los criterios SAC (sencillo, avanzado, complejo) del Equipo Internacional de Implantología (Dawson et al. 2022) se desarrollaron como una herramienta de comunicación vital para educar a los pacientes en cuanto a sus factores de riesgo individuales.

Dentro de la bibliografía disponible, aún se desconoce la importancia de la asociación entre las dimensiones de los tejidos duros y blandos periimplantarios en el momento de la colocación del implante en relación con la aparición de complicaciones biológicas y estéticas.

Los factores biológicos, mecánicos y técnicos pueden influir en las dimensiones de los tejidos duros y blandos. La mucositis periimplantaria con progresión a periimplantitis (caracterizada por inflamación en la mucosa periimplantaria y la subsiguiente pérdida progresiva de hueso (Berglund et al. 2018)) es la causa biológica más aparente. La periimplantitis es difícil de tratar y, en última instancia, puede provocar la pérdida del implante (Derks et al. 2016). La pérdida ósea periimplantaria también puede dar lugar a cambios estéticos indeseables relacionados con la posición marginal de los tejidos blandos periimplantarios (Chackartchi et al. 2019), con complicaciones mecánicas (como el aflojamiento y la fractura de los componentes de retención (Sailer et al. 2022)) que contribuyen potencialmente a la pérdida ósea vertical relacionada con la inflamación si no se tratan. Las complicaciones técnicas como la mala colocación del implante (Chen et al. 2023) pueden influir en la posición final del margen gingival, ya que el tejido blando supracrestal periimplantario (con una media de 3,4 mm en un modelo animal (Askar et al. 2020)) sigue los contornos óseos subyacentes.

Tras la extracción del diente, se producen cambios dimensionales del tejido duro, perdiéndose un tercio de la anchura de la cresta en los 3 primeros meses y el 50% a los 12 meses (Schropp et al. 2003). Una vez cicatrizado, el hueso cortical forma la capa externa de la pared vestibular y recibe un aporte sanguíneo tanto del periostio como del hueso esponjoso (Roush et al. 1989). Las intervenciones quirúrgicas interrumpen el riego sanguíneo y pueden causar cierto grado de necrosis avascular (Mankin 1992), lo que conduce a una remodelación ósea con mayor énfasis hacia la cara vestibular (Monje 2019). El grosor de la pared vestibular (BBT) alrededor de un implante se ha identificado desde hace tiempo como un factor que puede influir en el desarrollo de enfermedades periimplantarias y en la estabilidad de la mucosa periimplantaria (Farroneto et al. 2020), ya que la pérdida ósea vertical (VBL) puede provocar una recesión de la mucosa (Schwarz et al. 2016). Un implante totalmente integrado en el hueso alrededor de su superficie microrrugosa puede tener más probabilidades de resistir la aparición de enfermedades periimplantarias en comparación con un implante con una dehiscencia ósea, ya que la contaminación bacteriana de la superficie microrrugosa puede provocar una mayor pérdida ósea (Roux & Orcel 2000) y, potencialmente, la pérdida del implante (Spray et al. 2000). No todos los informes han mostrado esta correlación, y un estudio clínico arrojó resultados que rechazaban el estatus de causa y efecto otorgado a las complicaciones asociadas a una dehiscencia ósea (Temmerman et al. 2015). El informe no citó ningún impacto negativo en los resultados clínicos y radiográficos a los tres años de seguimiento al considerar las dimensiones del hueso alveolar. Por lo tanto, comprender el papel que desempeña la BBT en la estabilidad del tejido y la aparición de la enfermedad parece tener importancia clínica.

La integridad del tejido blando supracrestal tiene la misma importancia que la salud ósea periimplantaria, por lo que es primordial investigar el papel del aumento del tejido blando (STA) en la prevención de complicaciones de la mucosa. El STA permite a los clínicos modificar el fenotipo de la mucosa periimplantaria con varios beneficios potenciales (Avila-Ortiz et al. 2020; Zuchelli et l. 2020). La STA ofrece la oportunidad de aumentar el volumen de tejido blando alrededor de los implantes o de reposicionar el margen gingival alrededor de los dientes y los implantes, y ambas intervenciones ofrecen la posibilidad de mejorar las puntuaciones estéticas rosas (Furhauser et al. 2005) (PES). Aumentar el grosor del tejido periimplantario puede camuflar el impacto estético negativo de un material de pilar más oscuro en la mucosa suprayacente (Jung et al. 2017). Los estudios han sugerido que tanto la anchura de la mucosa queratinizada (KMW) como el grosor de la mucosa (MT) tienen efectos protectores sobre los niveles óseos marginales (MBL) subyacentes y la estabilidad del margen de tejido blando (Bhat et al. 2015). Una mucosa queratinizada limitada o ausente puede presentar retos para la higiene oral de los pacientes relacionados con la incomodidad durante el cepillado. Se ha demostrado que el STA para aumentar la anchura de la mucosa queratinizada mejora los resultados informados por los pacientes (PROMS) al realizar medidas de higiene oral (Perussolo et al. 2018). Por asociación, cualquier mejora en el control de la placa alrededor de un implante dental puede reducir en última instancia el riesgo de mucositis periimplantaria y su posible progresión a periimplantitis.

Al Grupo 1 se le encomendó la tarea de informar sobre la bibliografía disponible relativa a las técnicas quirúrgicas y los parámetros biológicos de dos temas.

En primer lugar, investigar la influencia del BBT y las dimensiones críticas globales del hueso alveolar en la estabilidad de los tejidos duros y blandos alrededor de un implante en el momento de su colocación, y por tanto explorar también la necesidad de procedimientos simultáneos de aumento óseo en función del BBT residual.

En segundo lugar, investigar los efectos a medio y largo plazo del STA en los lechos de los implantes y explorar el efecto de los distintos enfoques, incluidos los parámetros clínicos, los referidos por los pacientes y los relacionados con la salud.

El informe de consenso global de la ITI sobre técnicas quirúrgicas se basó en las dos revisiones sistemáticas, que se prepararon con antelación. Posteriormente se celebraron debates entre expertos para elaborar un Informe de Consenso y unas Declaraciones que incluían recomendaciones clínicas, recomendaciones para futuras investigaciones y reflexiones sobre las perspectivas de los pacientes.